
Un terremoto puede ocurrir a cientos de kilómetros de Ciudad de México y, aun así, provocar fuertes sacudidas en sus edificios. Es un fenómeno que ha marcado la historia de la capital mexicana, especialmente durante los sismos de 1985 y 2017. Pero ¿por qué esta enorme ciudad es tan vulnerable a los movimientos sísmicos? La respuesta no depende únicamente de las placas tectónicas: también está relacionada con un antiguo lago que desapareció de la superficie, pero cuyo suelo sigue influyendo en la forma en que tiembla la ciudad.
¿Por qué tiembla tanto en Ciudad de México?
México es uno de los países con mayor actividad sísmica del continente americano. Su territorio se encuentra en una región donde interactúan varias placas tectónicas, principalmente las placas de Cocos, Norteamérica, Pacífico, Rivera y Caribe.
Una parte importante de los grandes terremotos mexicanos se origina en la costa del Pacífico, donde la placa de Cocos se introduce debajo de la placa Norteamericana mediante un proceso conocido como subducción.
Este movimiento acumula enormes tensiones geológicas que, al liberarse, producen terremotos de diferentes magnitudes.
Sin embargo, Ciudad de México presenta una particularidad que la diferencia de muchas otras grandes ciudades: una parte considerable de su superficie urbana se encuentra sobre antiguos sedimentos lacustres capaces de amplificar determinados movimientos sísmicos.
Esto explica por qué algunos terremotos relativamente lejanos pueden sentirse con una intensidad sorprendente en ciertos barrios de la capital.
La actividad sísmica puede seguirse mediante el mapa de terremotos cerca de Ciudad de México, que permite consultar los eventos registrados, sus magnitudes, profundidades y distancias respecto a la ciudad.
El antiguo lago de Texcoco: la clave para entender los sismos
Mucho antes de convertirse en una de las mayores áreas metropolitanas del mundo, el Valle de México albergaba un extenso sistema de lagos.
Entre ellos destacaba el lago de Texcoco, sobre el que se desarrolló buena parte de la antigua ciudad de Tenochtitlan.
Con el paso de los siglos, las obras de desagüe, la expansión urbana y las transformaciones del territorio hicieron desaparecer gran parte de aquellas superficies lacustres.
Pero bajo las calles y edificios actuales permanecen importantes depósitos de arcilla, limo y otros materiales sedimentarios.
Estos suelos tienen propiedades físicas muy diferentes de las rocas compactas.
Cuando llegan las ondas de un terremoto, los sedimentos blandos pueden modificar su amplitud, duración y frecuencia.
¿Cómo puede el suelo amplificar un terremoto?
Imaginemos dos edificios similares: uno construido sobre roca firme y otro sobre una capa profunda de sedimentos blandos.
Durante un mismo terremoto, ambos pueden experimentar movimientos muy distintos.
Las ondas sísmicas que atraviesan los sedimentos pueden experimentar una amplificación, especialmente en determinadas frecuencias.
También pueden prolongarse los movimientos debido a la respuesta de la cuenca sedimentaria.
Por eso, algunos habitantes sienten oscilaciones largas y pronunciadas, mientras que en otras zonas las sacudidas resultan menos intensas.
Esto no significa que todos los terrenos blandos amplifiquen todos los terremotos de la misma manera.
El resultado depende de las características del suelo, la profundidad de los sedimentos y el contenido de frecuencias de las ondas que llegan desde el epicentro.
Los efectos de amplificación fueron especialmente importantes durante el terremoto de 1985 y han sido estudiados durante décadas por investigadores mexicanos e internacionales.
Las tres zonas sísmicas del suelo de Ciudad de México
La clasificación geotécnica tradicional distingue tres grandes tipos de terreno dentro de la capital.
| Zona | Características | Comportamiento general |
|---|---|---|
| Zona I: firme o de lomas | Rocas y suelos relativamente resistentes | Menor amplificación asociada a sedimentos blandos |
| Zona II: transición | Materiales con características intermedias | Respuesta variable según las condiciones locales |
| Zona III: lacustre | Depósitos profundos de arcillas blandas | Mayor posibilidad de amplificación en determinadas frecuencias |
La zona lacustre comprende sectores del antiguo sistema de lagos, mientras que las áreas de lomas se encuentran principalmente en terrenos geológicamente más firmes.
La clasificación actual utilizada para el diseño sísmico incluye subdivisiones adicionales, especialmente dentro de la zona III.
¿Qué zonas de Ciudad de México pueden experimentar sacudidas más fuertes?
Entre los sectores donde existen importantes depósitos lacustres se encuentran partes de Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Iztacalco e Iztapalapa, además de otras áreas del valle.
Sin embargo, sería incorrecto afirmar que toda una alcaldía presenta exactamente el mismo peligro.
Las condiciones geotécnicas pueden variar considerablemente dentro de una misma demarcación.
También influyen la antigüedad de los edificios, su altura, los materiales utilizados y el cumplimiento de las normas de construcción.
Por esta razón, las evaluaciones de seguridad deben considerar estudios específicos del terreno y de cada inmueble, no únicamente su ubicación dentro de una alcaldía.
El terremoto de 1985: cuando la distancia no evitó la catástrofe
El 19 de septiembre de 1985, a las 7:17 de la mañana, un terremoto de magnitud 8,1 sacudió una extensa región de México.
Su epicentro se localizó cerca de la costa de Michoacán, a varios cientos de kilómetros de la capital.
A pesar de esa distancia, Ciudad de México sufrió daños catastróficos.
Numerosos edificios se derrumbaron, miles de personas perdieron la vida y amplias zonas del centro urbano quedaron devastadas.
Uno de los aspectos más estudiados de esta tragedia fue precisamente la respuesta del suelo lacustre.
Las ondas sísmicas viajaron desde la costa del Pacífico hasta el Valle de México. Al alcanzar los sedimentos blandos de ciertas zonas, determinados componentes del movimiento fueron amplificados.
Las investigaciones posteriores identificaron movimientos especialmente importantes con periodos cercanos a dos segundos en algunas áreas lacustres.
Esta característica resultó particularmente peligrosa para determinados edificios cuya frecuencia natural de vibración era similar.
El fenómeno de resonancia en los edificios
La resonancia se produce cuando una estructura recibe vibraciones con frecuencias próximas a sus propias frecuencias naturales.
En esas circunstancias, el movimiento puede aumentar considerablemente.
Un ejemplo sencillo es un columpio: si recibe impulsos con el ritmo adecuado, su oscilación crece.
Algo parecido puede ocurrir en un edificio durante un terremoto.
No significa que todos los edificios de una misma altura vayan a responder igual. Su comportamiento depende también de la rigidez, la masa, el diseño y el estado estructural.
Sin embargo, este fenómeno ayuda a explicar por qué algunas construcciones sufrieron daños especialmente graves durante el terremoto de 1985.
La catástrofe marcó un antes y un después en la ingeniería sísmica mexicana y en las políticas de protección civil.
Los terremotos de septiembre de 2017: dos eventos diferentes
Treinta y dos años después de la tragedia de 1985, México volvió a vivir un septiembre marcado por grandes terremotos.
En apenas doce días se produjeron dos eventos importantes, aunque con características geológicas y consecuencias distintas.
7 de septiembre de 2017: el terremoto de Tehuantepec
Durante la noche del 7 de septiembre, un potente sismo de magnitud 8,2 sacudió el sur de México.
Su epicentro se localizó en la región del golfo de Tehuantepec y afectó especialmente a Chiapas y Oaxaca.
El movimiento fue sentido en una extensa parte del territorio mexicano y produjo daños graves en varias localidades.
También se generó un tsunami, registrado en diferentes puntos de la costa.
La ficha del terremoto de Tehuantepec de 2017 reúne información sobre la magnitud, profundidad, localización y características del evento.
Aunque fue uno de los terremotos más potentes registrados instrumentalmente en México, sus consecuencias en la capital fueron diferentes de las del sismo que ocurriría doce días después.
19 de septiembre de 2017: el terremoto de Puebla-Morelos
El 19 de septiembre de 2017, exactamente 32 años después del terremoto de 1985, un nuevo sismo de magnitud 7,1 afectó gravemente el centro del país.
Su epicentro se localizó en el estado de Puebla, cerca del límite con Morelos.
El terremoto se produjo a las 13:14 horas, cuando muchas personas se encontraban trabajando, estudiando o realizando sus actividades habituales.
Aunque su magnitud fue considerablemente inferior a la del terremoto de Tehuantepec, el movimiento provocó graves daños en Ciudad de México y otros estados cercanos.
Numerosos edificios colapsaron o sufrieron daños estructurales.
Las características del movimiento, la menor distancia respecto a la capital y la respuesta de los terrenos urbanos contribuyeron a las diferencias observadas.
Los investigadores analizaron posteriormente las aceleraciones registradas en distintas estaciones de la ciudad para comprender mejor cómo influyeron los sedimentos y las propiedades dinámicas de los edificios.
Los datos del evento pueden consultarse en la ficha histórica del terremoto de Puebla de 2017, que incluye su profundidad, magnitud y registros de percepción.
Es importante recordar que la coincidencia de las fechas de 1985 y 2017 no implica ninguna relación causal entre ambos terremotos.
Los sismos no se producen siguiendo un calendario anual ni existe evidencia científica de una temporada específica de terremotos en septiembre.
¿Por qué un terremoto lejano puede sentirse más fuerte que uno cercano?
La distancia al epicentro constituye un factor importante, pero no determina por sí sola la intensidad de las sacudidas.
También intervienen la magnitud, la profundidad, el mecanismo de ruptura y la forma en que las ondas se propagan por el subsuelo.
Por ejemplo, un terremoto de gran magnitud ocurrido frente a la costa del Pacífico puede generar ondas capaces de recorrer cientos de kilómetros.
Cuando estas ondas llegan al Valle de México, la respuesta de los depósitos sedimentarios puede modificar significativamente el movimiento.
En cambio, un terremoto más pequeño y cercano podría producir sacudidas breves y localizadas.
No existe una regla que permita afirmar que los terremotos lejanos siempre son más peligrosos en Ciudad de México.
Cada evento debe estudiarse considerando sus características y las condiciones de los lugares afectados.
Magnitud e intensidad no significan lo mismo
La magnitud describe el tamaño del terremoto en su origen.
La intensidad, por su parte, representa los efectos del movimiento sísmico en un lugar determinado.
Por ello, un mismo terremoto puede provocar intensidades distintas en varias colonias de Ciudad de México.
Esta diferencia es esencial para comprender los mapas de daños y las evaluaciones de riesgo.
¿Cómo funciona la alerta sísmica en Ciudad de México?
México dispone de un sistema de alerta sísmica temprana conocido como SASMEX.
Su funcionamiento se basa en una red de sensores que detectan terremotos en determinadas regiones y permiten transmitir avisos antes de que las ondas más intensas lleguen a algunas ciudades.
Cuando se identifica un evento que cumple los criterios establecidos, el sistema puede emitir una alerta mediante diferentes canales.
El tiempo de anticipación depende de la localización del epicentro, la distancia y la velocidad de propagación de las ondas.
En ciertas circunstancias, el aviso puede ofrecer varias decenas de segundos para adoptar medidas de protección.
Pero también pueden producirse terremotos demasiado cercanos para disponer de un margen de reacción suficiente.
La alerta sísmica no predice un terremoto: detecta un evento que ya ha comenzado y trata de avisar antes de la llegada de las sacudidas más fuertes.
Tampoco sustituye la preparación de las personas ni el cumplimiento de las normas de seguridad.
¿Qué hacer si empieza a temblar en Ciudad de México?
La respuesta adecuada depende del lugar donde se encuentre cada persona, del tipo de construcción y de las instrucciones oficiales.
Si se activa la alerta con suficiente anticipación, conviene seguir el protocolo de evacuación o repliegue establecido para el inmueble.
Si las sacudidas ya han comenzado, no debe intentarse una evacuación apresurada por escaleras o zonas expuestas.
En general, las recomendaciones de seguridad incluyen:
Mantener la calma y seguir las indicaciones de protección civil.
Alejarse de ventanas, cristales y objetos que puedan caer.
Proteger la cabeza y el cuello, utilizando zonas de resguardo apropiadas.
No utilizar elevadores durante el sismo.
Evitar correr hacia la calle mientras se producen las sacudidas.
Una vez terminado el movimiento, seguir los procedimientos de revisión y evacuación establecidos para el edificio.
También resulta conveniente identificar previamente las rutas de evacuación, disponer de una mochila de emergencia y participar en simulacros.
La prevención debe adaptarse a las características de cada vivienda, escuela u oficina.
¿Se pueden predecir los próximos terremotos en México?
A pesar de los avances tecnológicos, todavía no existe un método científico capaz de determinar con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un futuro terremoto.
Los especialistas pueden identificar fallas activas, analizar terremotos históricos y estimar probabilidades a largo plazo.
Sin embargo, no pueden anunciar con certeza que un sismo importante ocurrirá mañana o la próxima semana.
Por esta razón, las publicaciones que aseguran conocer la fecha exacta de una futura catástrofe deben considerarse con escepticismo.
La vigilancia sísmica permite conocer mejor la actividad del territorio, pero no debe confundirse con una predicción.
Para estudiar los eventos históricos, los lectores pueden consultar los archivos de terremotos de 2017, donde se presentan registros de magnitud, profundidad y localización de los sismos de aquel año.
Estos datos ayudan a contextualizar la actividad tectónica, comparar eventos y comprender mejor la historia sísmica de México.
FAQ: preguntas frecuentes sobre los sismos en Ciudad de México
¿Por qué tiembla tanto en Ciudad de México si no está junto al mar?
Porque la ciudad recibe ondas procedentes de terremotos originados en diferentes regiones tectónicas de México. Además, sus antiguos sedimentos lacustres pueden amplificar determinados movimientos sísmicos.
¿Qué tiene que ver el lago de Texcoco con los terremotos?
Los antiguos depósitos del lago contienen materiales blandos que pueden modificar y amplificar las ondas sísmicas. Su presencia explica parte de las diferencias entre las sacudidas registradas en distintas zonas de la capital.
¿Qué zonas de Ciudad de México tienen mayor riesgo sísmico?
Las zonas lacustres pueden presentar una amplificación importante del movimiento. Sin embargo, el riesgo real depende también de la vulnerabilidad de los edificios, la exposición de la población y las características de cada terremoto.
¿Por qué los terremotos de 1985 y 2017 ocurrieron el mismo día?
Fue una coincidencia. No existe evidencia científica de que el 19 de septiembre tenga una actividad tectónica especial. Los terremotos no siguen fechas del calendario.
¿Puede ocurrir otro terremoto como el de 1985?
Sí, México continúa expuesto a grandes terremotos debido a su situación tectónica. Sin embargo, actualmente no es posible predecir cuándo ocurrirá un evento comparable.
¿La alerta sísmica avisa siempre antes de un terremoto?
No. El margen de anticipación depende de la ubicación del evento y de las capacidades del sistema. Algunos terremotos cercanos pueden sentirse antes de que exista tiempo suficiente para emitir un aviso útil.
Ciudad de México: una ciudad donde el suelo marca la diferencia
La vulnerabilidad sísmica de Ciudad de México no se explica únicamente por su proximidad a las grandes zonas tectónicas de México.
Su historia geológica también desempeña un papel fundamental.
Los sedimentos del antiguo lago de Texcoco continúan influyendo en la propagación de las ondas sísmicas y pueden aumentar las sacudidas en determinadas zonas de la capital.
Los terremotos de 1985 y 2017 demostraron que la magnitud de un evento no basta para comprender sus consecuencias. La distancia, el tipo de suelo y la resistencia de los edificios pueden resultar igualmente decisivos.
Hoy, gracias a los avances de la ingeniería, las redes de vigilancia y los sistemas de alerta, Ciudad de México dispone de más herramientas para comprender y reducir su riesgo sísmico.
Pero la prevención sigue siendo indispensable.
Porque aunque todavía no podamos saber cuándo llegará el próximo gran terremoto, sí podemos prepararnos mejor para afrontarlo.
Fuentes científicas
Servicio Geológico Mexicano (SGM), Sismología de México y zonificación del Valle de México: https://www.sgm.gob.mx/Web/MuseoVirtual/Riesgos-geologicos/Sismologia-de-Mexico.html
Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), Los sismos históricos de septiembre: https://www.gob.mx/cenapred/articulos/los-sismos-historicos-de-septiembre?idiom=es
USGS, Zoning Verification in Mexico City Using Strong Motions of the M7.1 Puebla-Morelos Earthquake of September 19, 2017: https://pubs.usgs.gov/publication/70236839
USGS, Ground motions from the 7 and 19 September, 2017 Tehuantepec and Puebla-Morelos, Mexico, earthquakes: https://www.usgs.gov/publications/ground-motions-7-and-19-september-2017-tehuantepec-and-puebla-morelos-mexico
Quake Pulse, registros históricos y datos sísmicos de México basados en USGS.